El balance de la tragedia fue de 3.000 víctimas fatales y eso transformó la seguridad internacional para siempre.Han pasado ya 25 años y cada vez que llega esta fecha las heridas vuelven a aparecer, dada la gravedad de lo que quizás fue la mayor cadena de atentados terroristas del mundo moderno. Ese 11 de septiembre de 2001 pilotos fanatizados del grupo Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales: dos de estos impactaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center en el corazón de la capital del mundo, Nueva York; uno contra el Pentágono en Virginia, el corazón político de los Estados Unidos; y otro se estrelló en Pensilvania por la heroica acción de los pasajeros, que se sacrificaron enfrentando a los terroristas y evitaron un daño mayor.
El balance de la tragedia fue de 3.000 víctimas fatales y eso transformó la seguridad internacional para siempre. Entre las víctimas mortales del ataque hubo 15 ecuatorianos, la mayoría de ellos migrantes trabajadores que no tenían cargos ejecutivos, sino que se desempeñaban en servicios esenciales dentro del complejo. Varios trabajaban en la cafetería y en el icónico restaurante Windows of the World, ubicados en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte. Otros cumplían tareas en áreas de mantenimiento, limpieza de ventanas y servicios de apoyo. Todos salían desde muy temprano de sus casas para lograr un sustento y las remesas que enviaban a sus parientes en Ecuador.
Las muertes de Telmo Alvear, Manuel Asitimbay, Jesús Cabezas, José Cardona, Luis Chimbo, Henry Fernández, Giann Franco Gamboa, Luis Jiménez, Klever Molina, Leonely y Blanca Morocho, Moisés Rivas, Hugo Sañay, Fabián Soto y Xavier Suárez enlutaron para siempre a todo el país, por tratarse de víctimas accidentales del fanatismo religioso.
Las identidades de los ecuatorianos muertos ese día permanecen grabadas en las placas de bronce del National September 11 Memorial & Museum en Manhattan, edificado sobre los cimientos de las Torres Gemelas como un tributo a la memoria migrante. Para nunca olvidar el alto costo que pagaron para lograr el bienestar de los parientes que nunca los vieron volver.
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